CAPÍTULO 41

Primal Scream: Screamadelica

 

 

Diseño e Ilustración: Paul Cannell

Fecha de edición: 23 de septiembre de 1991

Discográfica: Creation

 

Aunque casi nadie parece haber reparado en ello, en 1991 todos los astros se conjuraron para dar lugar a una de las cosechas de discos más apabullante de las últimas décadas, sino la que más. En aquellos doce meses se publicaron, entre otros, Nevermind de Nirvana, Out of Time de R.E.M., Bandwagonesque de Teenage Fanclub, Weld de Neil Young, Blue Lines de Massive Attack, Hymns to the Silence de Van Morrison, Loveless de My Bloody Valentine, Achtung Baby de U2 o Screamadelica de Primal Scream. Sin embargo, ninguna portada como la de este último representaría mejor lo que pasaba entonces en el mundo de la música, la revolución del acid house de finales de los 80, lo que en el Reino Unido se dio en llamar ‘el Segundo Verano del Amor’ (el primero había tenido lugar en San Francisco en 1967, 21 años antes). De hecho, de todos aquellos discos –con la posible excepción de Nevermind–, la imagen que más se identifica con su contenido es la que revestía Screamadelica, el álbum que revivió la carrera de un grupo entonces balbuciente, el disco que les ha permitido llegar bien vivos hasta el día de hoy. Curioso, cuando menos.

 

 

Bobby Gillespie, líder de Primal Scream, había nacido en Glasgow en 1962 y allí conoció a Alan McGee, quien fundaría el sello Creation que los fichó años después. McGee acompañó a Gillespie a ver su primer concierto, cuando este tenía 15 años, en concreto una actuación del grupo Thin Lizzy, sentando las bases de una amistad que se ha mantenido inalterable a lo largo de los años. Tras tocar en varios grupos de Glasgow y Londres, McGee fundó un par de sellos discográficos (Autonomy y Essential) que contaron con el diseño de Gillespie en sus portadas. Antes de pasar a formar parte de The Jesus & Mary Chain, Gillespie ya había dado conciertos con la banda que había creado, Primal Scream. Poco después, al no poder compaginar su trabajo en ambos grupos, decidió centrarse en esta última con la idea de intentar hacer discos tan clásicos como aquellos que tanto le habían influido.

 

 

Sus dos primeros álbumes (Sonic Flower Groove, 1987, y Primal Scream, 1989) no lo fueron, desde luego. Todos los clichés más usados y abusados del rock se podían atisbar en sus estrías. Según la definición de Gillespie, su debut habría estado marcado por el LSD y el segundo por el speed. El grupo no había conseguido con ellos nada de lo que habían pretendido y proclamado desde el principio y, además, sentía que no había valido la pena.

 

(El resto del capítulo puede leerse en Líneas paralelas. 50 portadas esenciales del rock, escrito por Xavier Valiño y publicado por la Editorial Milenio en noviembre de 2019)

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